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miércoles, 2 de febrero de 2011

Piratas del caribe

Era una tormentosa y negra noche. Afuera la tormenta descargaba su furia contra el puerto y desde la ventana se podía observar la furia natural sin perderse un solo momento del espectáculo de rayos y lluvia. Kobal había llegado hacia poco a puerto después de un viaje por los anchos mares y estaba junto al fuego repasando mentalmente su próximo viaje.




Hacía ya un tiempo que se había reformado y convertido en un honrado ciudadano. Su barco había bajado las enseñas guerreras y se había convertido en un tranquilo mercante que surcaba el mar y comerciaba con exóticos productos.

Sus antiguos patronos y mecenas también se habían reconvertido en tipos “honrados”. Tan honrados como los que les suministraban el caudal de monedas con las que se llenaban el bolsillo para mirar hacia el lado que interesaba.

Alguien llamo a la puerta. Una hora extraña para recibir una visita y más aun con un tiempo que haría dudar hasta al mismo diablo en aventurarse fuera del Infierno. Abrió despacio y allí había un chico empapado hasta los huesos. “mensaje para Kobal” dijo y tendió su mano dejando ver un sobre lacrado con una escritura reconocible. En cuanto recogió el sobre el pilluelo salió corriendo en dirección al puerto sin esperar nada por el servicio.

“viejo tuit, que querrás ahora” pensaba mientras abría el sobre sentado frente al fuego. Mientras leía el mensaje su cara irradiaba la rabia que le producían las palabras contenidas en el escrito. Eran las últimas palabras pronunciadas por el gobernador Alejandro, un mequetrefe con ínfulas de Gran personaje, cuya catadura moral dejaba mucho que desear.

Se levanto despacio del asiento y se dirigió hacia su habitación. Hacía años que había dejado allí un tesoro más grande que un galeón de oro español. Abrió el arcón y saco la delicada espada que contenía. Con mimo se la ciño a la cintura y se caló un sombrero y una buena capa de lana y salió a la intemperie.

Se dirigía hacia la taberna portuaria donde sabría que encontraría a su viejo camarada tuit. Fue fácil localizarle, siempre se sentaba al fondo de la estancia y con la espalda contra la pared. Según llego solo pronuncio unas palabras con una sonrisa en los labios: “Recupera mi bandera viejo pirata, volvemos al negocio. Esta vez, sin cuartel”



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