Bueno, hace tiempo que no cuento ninguna batallita del Meetic. Así que hoy que tengo algo de tiempo voy a relatar una que hace poco he recordado. Además con ello creo que se ve que tengo “imán” para las personas “raritas” de este mundo y que suelen abundar por el Meetic.
De esto hace ya unos cuantos años, yo no llevaba más de un año viviendo en Madrid y usaba el Meetic como una manera de conocer gente. Un día me envió un mail una tal M. de 25 años, no era de Madrid y estaba más o menos en la misma situación.
Intercambiamos unos cuantos mails, hablamos unos días por MSN y después de todo eso decidimos tomarnos un café para conocernos. Hasta el momento todo era normal y no se salía del guion.
Quedamos un una céntrica cafetería de Madrid y después de hacer las oportunas presentaciones nos sentamos a tomar algo y charlar. La charla aunque no fue aburrida tampoco era algo con lo que terminase de conectar.
En un momento de la conversación salió el tema de trabajo, que por alguna razón no había salido antes.
M: ¿A qué te dedicas K?
Yo me despache con lo divertido que era mi trabajo y le conté mas o menos con palabras poco técnicas que hacía.
M: Me parece interesante.
K: Gracias. ¿Y tú en que trabajas?
M: Yo no trabajo, tengo una pensión…
K(mosqueado) : ¿Y cómo es eso? Eres una chica joven…
M: tampoco es nada del otro mundo. Tengo un trastorno bipolar y me han dado una incapacidad. Pero mientras tome la medicación no hay riesgos…
Fue oír eso y tuve la reacción de salir corriendo de allí. Por fortuna temple mis nervios y mantuve la sonrisa y la compostura. Seguimos conversando como si no pasara nada y nos despedimos.
Al llegar a casa le envié un mail diciéndola que aunque lo había pasado bien no éramos compatibles y que si le apetecía hablar algún día podíamos quedar a tomar un café. No debió tomárselo bien porque no me respondió.


